Thursday, 11 August 2011

Refundar America Latina desde adentro



Desde la llegada de Colón a tierras americanas, fuimos el nuevo mundo. ¿Nuevo para quién?, para los Europeos por supuesto. La perspectiva externa es un componente avasallador en nuestra concepción. El propio nombre que recibe nuestra región hoy en día -“América Latina”- fue acuñado en Francia en los tiempos de Napoleón III en el siglo XIX, como parte de una estrategia de expansión del dominio económico francés en la región. Francia intentaba reafirmarse en nuestro territorio argumentando que la América no sajona, es decir desde el rio bravo hasta la Patagonia, tenía mucho en común con la Europa Latina (Portugal, Francia, España e Italia). Claramente, el discurso encubría una pelea geopolítica de Francia con Estados Unidos para apropiarse de las riquezas de la región a la luz del ímpetu industrializador del siglo XIX. Francia era la nueva potencia Europea y Estados Unidos el sucesor sajón de Inglaterra, radicado en América. Líderes intelectuales de América Latina acabaron aceptando esta nomenclatura, útil para tomar distancia de las intenciones dominadoras de Estados Unidos, y a la vez nacido de intenciones neo-colonizadoras.
Para mantener independencia, al parecer convenía negar el discurso de apropiación del continente que Estados Unidos propagaba con su doctrina Monroe “América para los americanos”. Así pues, nuestro nombre se concibe entre la negación, el nombrar lo que no somos -no somos la América de Estados Unidos- y una forzada ideología surgida de intereses del viejo mundo. La historia de nuestro nombre puede ser irrelevante para las batallas que tenemos que librar en la región hoy en día; sin embargo, ilumina simbólicamente nuestra historia: un subcontinente en permanente tensión entre la dependencia y la soberanía; una región en busca de los espacios para inventarse y pensarse a sí misma.
Más allá de la critica: comprender para trascender. La constante pugna en defender lo que no somos, quizás ha nublado nuestro entendimiento de lo que sí somos y la claridad sobre lo que queremos. Con frecuencia la agenda de nuestros movimientos sociales se recarga en las acciones de resistencia y oposición. Desde luego, acciones absolutamente necesarias ante el constante acecho de los poderes hegemónicos por controlar el destino ideológico y material en la región. No obstante, los movimientos actuales de América Latina parecen estar trascendiendo esa agenda y giran a la construcción de prácticas, más allá de las demandas. Casos ejemplares de ello son el movimiento de Vía Campesina y el de los Sin Tierra de Brasil. En ambos movimientos la agenda incluye y trasciende la crítica a las tendencias dominadoras de la globalización; convierten así su visión del mundo en una práctica. De ahí que su experiencias nos dejen una lección invaluable: la crítica y la resistencia nunca más debe ser entendidas como un ejercicio estático y descriptivo de una realidad, sino como un paso táctico para encontrar los espacios de prácticas que se ajustan a nuestros deseos y necesidades. Para ello, es necesario retroalimentar la teoría de la alternativa, con las prácticas alternativas que ocurren en nuestros países. Este razonamiento es en cierto sentido un eco de la afirmación de Boaventura Dos Santos, la cual sostiene que “una teoría semiciega no sabe dirigir, y una práctica semi-invisible no sabe valorizarse”. Por eso necesitamos valorizar lo que ocurre, pero para ello será necesario mirar hacia adentro.

Pensarnos desde dentro, pensarnos nosotros mismos. La necesidad de pensarnos hacia adentro no es ya siquiera una opción, es una necesidad en tiempos de la globalización. Esta sentencia no significa para nada el hermetismo o encierro en nuestra historia y nuestra cultura. En cambio, significa una reflexión sobre los sincretismos posibles y convenientes a nuestra realidad. Resulta sumamente llamativo que entre los latinoamericanos tengamos siempre que empezar por defender y justificar el por qué necesitamos mirarnos y escucharnos a nosotros mismos. En otros países, esto es una practica común, cotidiana. ¿Por qué en nuestro caso es tan difícil y hasta obstaculizado practicar el derecho de pensarnos a nosotros mismos? Probablemente la razón tiene que ver con una apabullante tradición cultural e intelectual fincada en el extranjerismo. Los intelectuales que se forman adentro no hacen sino estudiar las visiones euro-centristas y ahora norteamericanas, que muchas veces son modelos de pensamiento ya criticados y superados en los lugares donde se generaron. Ideológicamente todavía se mantiene un consenso perverso de que lo extranjero trae modernidad y desarrollo, per se. De hecho, resulta en extremo curioso que la cultura, las raíces indígenas, historia  y problemas contemporáneos sean mucho mas estudiados e interpretados en el exterior, que dentro. La peor de las ironías aparece cuando para interpretar nuestra realidad y proyectar opciones de desarrollo por ejemplo, tenemos que acudir a autores Norteamericanos o Europeos, ¿por qué? Porque en nuestros centros de producción de conocimiento hay poca preocupación por la comprensión de nosotros mismos. De esa manera, limitamos la posibilidad de inventar y practicar nuestras propias visiones del mundo. Por justicia, debo decir que hay honrosos esfuerzos por proyectar nuestro pensamiento. En los años cincuentas del siglo XX hubo un gran impulso por producir y reproducir el pensamiento latinoamericano, por ejemplo a través de la CEPAL y las escuelas que surgieron de ahí. Ese impulso fue frenado, sin embargo, por las tendencias de la globalización y su proyecto neoliberal que tomó fuerza en la década de los ochenta y sigue vigente. A pesar de que esas instituciones siguen vivas, es notable su viraje hacia modelos simpatizantes del estatus quo y el orden mundial. De nuevo hago énfasis en que la propuesta sobre la mesa, no es la negación del exterior, sino el enriquecimiento reflexivo con él. Es tiempo de ser ambiciosos y la ambición pues, es poner la diversidad del mundo al servicio de la creación de nuestros proyectos de desarrollo, a través de dialogo, mas allá de la reverberación de las ideas de afuera.
Pensarse desde adentro en la era de la globalización, no como una acción de mera resistencia y oposición, sino para construir alternativas efectivas. En la historia reciente, en nuestra región, así como en otras partes del mundo, se ha librado la lucha contra el discurso de la globalización pasiva. En tal discurso, se asume la globalización como un proceso que nos altera, pero que nosotros somos incapaces de alterar. Tal ideología trata de volvernos pasivos, y por tanto nos limita, subordina y bloquea nuestro potencial de pensar nuestro desarrollo desde la autonomía y la soberanía. Soberanía y autonomía son las piedras angulares para construir un sólido edificio de pensamiento, práctica y reflexión de lo que somos, necesitamos y deseamos.
Desde luego, estas ideas no son para nada nuevas, pero nos hace falta hacerlas explícitas. Necesitamos llamar las cosas por su nombre, cuando estas tienen nombre propio. Verbalizarlas en los lugares de dialogo, de difusión de ideas, como las universidades, las aulas, la prensa, los debates políticos, contiendas electorales, en los medios de difusión de la cultura popular que hoy en día incluye los medios electrónicos. Y acaso sean estos últimos medios mucho más flexibles para agilizar el camino a las transformaciones que las propias escuelas y medios académicos cuyas estructuras son normalmente más rígidas.
La necesidad de pensarnos a nosotros mismos debe ser dicha y practicada, no mas un secreto a voces. Es necesario hacerlo explícito, escribirlo, ponerlo a debate, lanzarlo al cause que siguen las ideas que dan pie a proyectos de largo aliento. Una refundación conducida por nuestras manos, partiendo de nuestras propias preguntas; construir nuestra autonomía de pensamiento para vivir la soberanía en los hechos. Una refundación desde adentro.

Este artículo lo escribí para la revista electrónica Refundación en diciembre de 2009 y está disponible en su sitio:
http://www.refundacion.com.mx/revista/index.php?option=com_content&view=article&id=12:refundar-america-latina-desde-adentro&catid=4:latinoamerica&Itemid=36

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